
Cuando el conducto sube ocho plantas por un patio de luces, la realidad es que no puedes mirar hacia arriba y ver qué ha ocurrido. Ni siquiera con una linterna potente se distingue la grasa acumulada en los codos ciegos o en los tramos intermedios que llevan años sin abrirse. Por eso entregamos siempre el informe fotográfico tramo a tramo. Es la única prueba tangible de lo que ha pasado ahí arriba.
Al recorrer el tubo vertical desde la cocina hasta la cubierta, vamos abriendo los registros para fotografiar cada punto crítico. En Barakaldo o Sestao, donde las verticales son igual de largas, mostramos el estado del canal perimetral y del plenum antes de limpiar. Sin estas imágenes, el hostelero tendría que confiar a ciegas en que el aire baja limpio. Con ellas ve el volumen retirado y entiende por qué su campana, aunque parezca correcta, necesita ese mantenimiento específico para tirar bien.
Qué se fotografía y en qué momento
El criterio es sencillo: fotografiar cada punto de acceso, tanto antes como después de limpiarlo. En Bizkaia esto no es un trámite burocrático, sino una necesidad técnica porque el trazado suele subir ocho plantas por patios de luces en las Siete Calles o el ensanche. Al otro lado de la ría, en Barakaldo o Santurtzi, los bloques antiguos repiten este esquema vertical con codos que llevan años sin abrirse.
Cada imagen debe indicar exactamente dónde se ha tomado, referenciando el tramo del conducto. Si hemos tenido que fabricar un registro nuevo porque no existía, la foto muestra la zona común y el marco sellado. Así queda claro qué partes del tubo se han intervenido y qué zonas siguen intactas.
No vale con hacer una instantánea general. Necesitamos ver el plenum, los filtros tras su paso por cuba y, sobre todo, el interior de los verticales largos donde la grasa se acumula en capas. El informe fotográfico tramo a tramo certifica que el aire fluye libremente desde la cocina hasta la turbina en cubierta, dejando constancia visual de lo que había y de cómo queda ahora.
Antes y después en un vertical de ocho alturas
Documentar un vertical de ocho alturas no es hacer fotos sueltas, es seguir el rastro del aire desde la campana hasta la turbina. Empezamos por abajo, en el plenum y los filtros de lamas, donde la grasa se acumula antes de entrar al tubo. Luego subimos tramo a tramo, porque en las Siete Calles o en los bloques de Barakaldo hay codos que llevan años cerrados sin registro. Si falta la tapa, cortamos, montamos el marco y sellamos, avisando siempre a la comunidad si trabajamos en zonas comunes.
Cada parada tiene su propia imagen: el canal perimetral con su desagüe, los cambios de dirección y los tramos intermedios que nunca nadie había abierto. En cubierta, desmontamos rodete y caracola para lavarlos aparte, ya que el peso de la grasa les quita caudal. Al final, entregamos un informe fotográfico ordenado siguiendo ese mismo recorrido ascendente. Así quien lo lee entiende dónde estaba el problema y qué hemos hecho para despejarlo, sin tener que imaginar el trazado.
Para qué sirve el informe frente a la propiedad del local
El informe fotográfico tramo a tramo es la herramienta que resuelve los malentendidos entre el arrendador, la comunidad y el responsable del local. En Bilbao, cuando subimos por un vertical de ocho plantas en Siete Calles o el ensanche, nos topamos con codos cerrados hace años y registros inexistentes. Fabricar esas tapas implica intervenir en zonas comunes, donde la comunidad tiene voz y voto. El papel detalla qué hemos tocado y cómo ha quedado sellado, evitando que el propietario piense que hemos dañado la estructura del edificio.
Para el hostelero, el documento certifica que la grasa no está bloqueando el caudal, distinguiendo suciedad real de falta de aire de reposición. Si la campana parece no tirar pero los filtros están limpios, el informe lo deja claro para que nadie pague por un trabajo inútil. En cocinas centrales de Barakaldo o Santurtzi, con producción continua, este registro permite justificar ante inspecciones o seguros que el mantenimiento se ha hecho sin detener turnos ni improvisar soluciones peligrosas sobre la marcha.
Lo que se anota cuando un tramo no se ha podido tratar
No basta con limpiar lo que se ve. Si un tramo del conducto vertical no ha podido abrirse, porque el registro no existía o la comunidad no autorizaba cortar en esa zona común, queda constancia escrita de por qué se ha dejado pendiente. En las Siete Calles, con tubos de ocho plantas subiendo por patios de luces, es habitual toparse con codos que llevan años sellados y cuyo estado real desconocemos hasta que abrimos. Anotar esta pausa evita sorpresas: si mañana hay humos que no salen, sabremos dónde mirar sin volver a buscar la avería desde cero.
El informe fotográfico detalla cada metro recorrido y marca las interrupciones. No es una excusa, es un mapa para quien venga después. A veces fabricamos registros nuevos en pleno ensanche bilbaíno; otras, nos vemos obligados a dejar el tubo intacto en un punto intermedio por falta de acceso seguro. Documentar ese hueco permite planificar la siguiente actuación con criterio, ya sea en una cocina central de Barakaldo o en una barra de pinchos donde el vapor graso acumula capa tras capa. Lo que no se apunta, no existe.
El historial de un mismo conducto a lo largo de los años
Guardar el rastro de cada limpieza del mismo trazado cambia la forma de atacar el trabajo. En Bilbao, con esos verticales de ocho plantas que suben por los patios de luces, no basta con limpiar hoy; hay que saber qué pasó ayer en ese codo concreto. Al comparar intervenciones sucesivas, detectamos si un tramo acumula grasa más rápido que sus vecinos o si un registro fabricado desde cero sigue filtrando humo hacia las zonas comunes.
En Barakaldo o Santurtzi, donde los bloques de los sesenta alimentan cocinas centrales sin descanso, este historial nos avisa antes de que la turbina vibre por desequilibrio. Si vemos que el plenum siempre devuelve lo mismo tras varios años, sospechamos de una falta de aire de reposición y no de suciedad. Así, cuando entregamos el informe fotográfico tramo a tramo, no es solo un papel: es la memoria viva del conducto. Nos permite elegir dónde cortar y montar el marco siguiente con criterio, evitando abrir puntos ciegos que llevan décadas cerrados.
Cómo se usa al planificar el trabajo del año siguiente
Cuando llega el momento de planificar el mantenimiento del año siguiente, no vale con mirar la campana. Hay que abrir el informe fotográfico tramo a tramo y decidir dónde cortar. En nuestros verticales de ocho plantas en Bilbao o Barakaldo, los codos son los primeros sospechosos: ahí se acumula lo que el aire no empuja. Si una imagen muestra grasa pegada en un recodo intermedio, ese es el punto para fabricar un registro si no existe, aunque implique negociar con la comunidad. El conducto perimetral también da pistas; si su desagüe está obstruido, el plenum no evacúa bien y el problema vuelve arriba.
La turbina suele ser la pieza que más pronto pide atención. Si el rodete aparece desequilibrado por capas de grasa vieja, hay que programar su desmontaje antes de que las vibraciones dañen el conjunto móvil. También vigila la falta de aire de reposición: si la campana parece no tirar pese a estar limpia, el bloqueo está fuera del tubo, en las rejillas de entrada. Con esos datos concretos, defines qué accesos abrir y qué limpiar prioritariamente, dejando claro que el trabajo real empieza donde termina la vista fácil.